Por Tereza Delgado C., psicóloga clínica — Centro Terapéutico Tengo Luz
¿Te ha pasado que algo pequeño —una canción, un olor, una frase de alguien— te devuelve de golpe a un momento doloroso, como si hubiera sido ayer? Aunque hayan pasado años, el cuerpo reacciona igual: se te acelera el corazón, se te hace un nudo en el estómago, o simplemente te invade una tristeza que no sabes muy bien de dónde viene.
No es que “no hayas superado” nada. Es que ese recuerdo quedó guardado de una forma distinta a los demás, como si tu mente no hubiera alcanzado a ordenarlo bien. Y para eso existe una terapia llamada EMDR, que ayuda justamente a eso: a que esos recuerdos dejen de doler con la misma intensidad.
Piénsalo como un archivo mal guardado
Imagina que tu memoria es como un gran archivador. La mayoría de los recuerdos se guardan ordenados, con su fecha, su contexto, su lugar en el pasado. Pero cuando algo nos toma por sorpresa o nos sobrepasa emocionalmente, ese recuerdo a veces queda guardado “suelto”, sin cerrar bien la carpeta. Por eso, cualquier cosa que se le parezca un poco puede volver a sacarlo a la luz, con toda su carga emocional intacta.
El EMDR trabaja justamente ahí: ayuda a tu mente a volver a ese recuerdo, pero esta vez acompañada por un profesional, para que finalmente pueda guardarse donde corresponde —en el pasado— y deje de activarse en el presente como si el peligro siguiera ahí.
¿Cómo se hace, sin tanto tecnicismo?
Durante la sesión, el psicólogo guía a la persona a través de pequeños movimientos con los ojos (o algún otro estímulo suave, como golpes suaves en alguna parte del cuerpo) mientras trae a la mente ese recuerdo. Suena simple, y en cierto modo lo es: ese estímulo ayuda al cerebro a hacer el trabajo que necesita para procesar la experiencia, algo parecido a lo que hacemos naturalmente cuando soñamos.
No se trata de “revivir” el momento una y otra vez ni de contarlo con lujo de detalle. De hecho, muchas personas sienten alivio al descubrir que no necesitan poner en palabras todo lo que les pasó para empezar a sentirse mejor.
¿A quién le puede servir?
No hace falta haber vivido algo “grave” para beneficiarte de esto. Sirve para experiencias como una pérdida que todavía duele, un accidente, una relación que dejó heridas, momentos de la infancia que aún afectan tu forma de relacionarte hoy, o miedos e inseguridades que sientes que no tienen una explicación clara. Muchas veces, lo que impacta a una persona no es “lo grave que se ve desde afuera”, sino cómo se sintió por dentro en ese momento.
Si algo de esto te hizo sentido
Si leyendo esto pensaste en algún recuerdo tuyo, puede ser una buena señal para conversarlo con alguien. No tienes que cargar solo o sola con algo que sigue pesando.
Escríbenos por WhatsApp y agenda una primera sesión para conocer tu situación y ver juntos si el EMDR es un buen camino para ti.
Este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si estás pasando por una crisis emocional, te recomendamos buscar apoyo cuanto antes.

